
VIERNES 18 SEPTIEMBRE 2020
Nos levantamos en el Hotel Posada de Ronda sobre las 10 y bajamos a desayunar a su bonita cafetería. Pedimos un bocadillo de mollete con tomate y jamón, un zumo y dos cafés, pagando 11€ (el mollete estaba planchado, caliente y riquísimo). Nos despedimos del amable personal del hotel y nos fuimos entonces a Ronda, dejando otra vez el coche en el parking de La Concepción, como el día anterior.

Caminamos hasta La Alameda del Tajo, que es un bonito paseo con vegetación y en su lateral hay unas impresionantes vistas del valle y la Serranía de Ronda (allí está el famoso Mirador del Coño). Ala lado se encuentra la Plaza de Toros y una serie de locales con terraza ideales para tomar algo. Caminamos por la parte trasera del Parador Nacional hasta el Puente Nuevo, que pudimos admirar esta vez de día.

Cruzamos el Puente Nuevo y nos dirigimos a la Casa del Moro donde pagamos 6€/persona para entrar (no existe descuento de estudiante). La visita se compone de Jardines, Casa Neomudéjar y Mina, pero me parece un poco cara la entrada teniendo en cuenta que la casa no se puede visitar por estar en rehabilitación. Tengo que decir que el chico que estaba en la puerta era un poco antipático y ni siquiera nos avisó de que había audio guía que se podía seguir desde el teléfono móvil de cada uno (nos dimos cuenta cuando vimos a la gente y les preguntamos).

Vimos los jardines, diseñados por el paisajista francés Jean Claude Nicolas Forestier, que cuentan con plantas aromáticas, frutales y la Fuente del Paraíso. No nos parecieron nada del otro mundo (quizás faltaba mantenimiento), sin embargo tuvo cierto renombre hasta el punto en que existe una réplica en el Parque Balboa de San Diego (California) que se construyó para una Exposición Internacional.

Por cierto cuentan con una cafetería y baños pero estaban cerrados por COVID. Comenzamos entonces a descender por los pasadizos de la Mina de Agua, una obra de la ingeniería que se construyó durante la época Nazarí (siglo XIV) aprovechando una grieta natural oculta en la pared del Tajo.

Extraían agua del río para abastecer a la ciudad amurallada y por tanto formaba parte de la defensa de Ronda, junto con las murallas, pues la Mina estaba fortificada con una torre de defensa. De este modo se aseguraba el suministro de agua a la población en caso de asedio. Para subir el agua se valían de una noria pero, al tratarse de un lugar tan estrecho no podían utilizar animales así que se valían de esclavos cristianos. Al parecer uno de los flancos de la torre era más fino que los demás por lo que en 1485 las tropas castellanas del Marqués de Cádiz picaron la pared para abrirse paso y cortar el suministro de agua, rindiéndose a los pocos días. Ronda era por aquel momento el bastión de protección del Reino Nazarí por su parte Oeste, empezando así la caída de dicho Reino.

Según los audios los castellanos sabían dónde picar porque un musulmán llamado Yuzéel Xarife traicionó a los suyos a cambio de su propia salvación. La Mina y alrededores se abandonaron hasta que en el siglo XVIII se levantó una vivienda que pasó por varias manos hasta que la compró la Duquesa de Parcent a principios del siglo XX, quien se encargó de renovarla y ampliarla al estilo neomudéjar. Además encargó el jardín a Jean Claude Nicolas Forestier. Tras bajar varios pisos llegamos al río Guadalevín, desde donde hay unas preciosas vistas. La subida ya fue más dura, así que hicimos alguna que otra parada para escuchar los audios. Aquí podéis ver más fotos.

Una vez fuera de la Casa del Moro continuamos nuestra ruta hasta los Baños Árabes pagando 4’5€ la entrada normal y 3€ la de estudiante. Datados entre los siglos XIII-XIV, se trata de la versión musulmana de las antiguas termas romanas: sala fría, templada y caliente (con hipocausto y caldera). AL parecer la principal diferencia es que los romanos se bañaban en las piscinas y los musulmanes hacían principalmente baños de vapor. Los baños forman parte del ritual religioso para los musulmanes pero también eran un punto de reunión social.

Primero vimos un vídeo explicativo en el interior de los baños y luego paseamos por el exterior para ver dónde se ubicaba la noria (que funcionaba gracias a la fuerza animal). Tras la visita a los Baños continuamos por los Jardines de Cuenca (pues al parecer ambas ciudades están hermanadas), desde donde hay unas bonitas vistas del puente.


Una vez en la parte alta del pueblo, después de la caminata al solajero, decidimos sentarnos a beber algo así que nos decantamos por una terraza en la que vimos una mesa libre: Taberna El Almacén.

Tras unas bebidas fuera, como ya era tarde, el servicio era amable y el local disponía de tapas y vino de la zona, decidimos entrar dentro a comer algo (pues se había puesto a llover). Esto fue lo que pedimos:
-Guacamole con remolacha y quinoa
-Magret de pato
-Hamburguesa (buenísima)
-Parmentier de pulpo (recomendación de la camarera y la verdad es que estaba buenísimo)
En cuanto a los vinos, probamos copas de varias referencias de Ronda y resto de la provincia de Málaga:
–La encina del ingles 2018: vino blanco elaborado por Bodegas Finca La Melonera a base de Moscatel de Grano Menudo, Forastera y Pedro Ximénez, DO Sierras de Málaga.
–Vetas Rosé 2018: vino rosado elaborado con Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon y Petit Verdot por Bodega Vetas, DO Sierras de Málaga.
–Lunares 2018: vino tinto elaborado por Bodegas Lunares a base de Garnacha y Syrah, DO Sierras de Málaga.
–A Pasos 2018: vino tinto elaborado por Bodega Pasos Largos con Cabernet Sauvignon, Graciano, Petit Verdot y Syrah, con crianza de seis meses en madera de roble francés, DO Sierras de Málaga.
-Altocielo 2015: vino tinto elaborado por Bodegas Lunares con Syrah, Graciano y Cabernet Sauvignon, con crianza de doce meses en barrica, DO Sierras de Málaga.
Además de todo lo anterior, bebimos una caña y dos aguas con gas, pagando 39’5€ por todo. Nos acercamos entonces hasta la heladería La Jijonenca, pero las bolas de helado de los cucuruchos resultaron ser también pequeñas (6€ los dos helados), como el día anterior, se ve que es algo común en la zona…

Recogimos el coche del parking, pagando previamente 4’65€, y nos dirigimos hacia Arcos de la Frontera. Esta vez decidimos volver por otra ruta diferente a la de la ida, para ver más Pueblos Blancos: Grazalema y El Bosque. Por el camino nos encontramos con Finca Las Hazuelas, que pertenece a la empresa Queso Payoyo S.L., empresa quesera fundada en 1996 por gente local. Elaboran quesos con leche de cabra, oveja y mezcla, en diversos formatos: fresco, semicurado y curado. Estos últimos pueden ir envueltos en manteca, pimentón, romero o salvado de trigo. En contra de lo que yo pensaba, Payoyo no se trata de una DO ni un tipo de queso, sino que es una marca patentada. Al parecer a los habitantes de Villaluenga del Rosario se les llama payoyos.

Quisimos visitar la Finca pero debido al COVID están paradas, sólo venden productos en la tienda, una pena… Aprovechamos entonces para comprar una cuña , mezcla curado (7’67€). Dimos buena cuenta cuando llegamos a casa de vuelta de vacaciones y tengo que decir que estaba delicioso.

Continuamos hasta Grazalema, el pueblo más lluvioso de España, donde se han llegado a registrar 4000 litros/m2. Aquí podéis ver unas fotos sacadas desde dos puntos distintos.

Seguimos ruta hasta El Bosque, donde aprovechamos para echar gasolina (55’88€). Rematamos la ruta en Arcos de la Frontera, donde entramos con el coche a dar una vuelta, además de sacar unas fotos de lejos.


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*ACTUALIZACIÓN 2022: en Abril estuvimos alojados en Arcos de la Frontera con varios amigos para ver el Gran Premio de motos de Jerez. Descubrimos un local estupendo que os recomiendo vivamente, El Huertas, que se encuentra concretamente en el Santiscal, a las afueras de Arcos. Cocina con toques modernos, muy cuidada y con buen producto. Regentado por una simpática pareja llamados Amparo y Miguel Ángel, merece absolutamente la pena desplazarse hasta allí. Pedimos varias medias raciones para probar unas cuantas cosas:
-Salmorejo: soy una salmorejo lover, es uno de mis platos preferidos, pudiendo confirmar que es uno de los más ricos que he probado
-Ensaladilla de pulpitos: riquísima
-Cazón adobado: estupendo
-Croquetas de setas: muy melosas y sabrosas
-Lagarto con salsa de piñones: una salsa muy buena
-Banofe de plátano: una locura, para comerse diez más
Además bebimos varias cañas y manzanillas, pagando sobre 45 euros entre los dos, precio más que razonable. Esperamos volver por allí muy pronto.
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Abandonamos los Pueblos Blancos en dirección a Jerez de la Frontera, en donde habíamos reservado un apartamento en el mismo edificio en el que nos habíamos quedado hace un par de años (Isabel, a través de AIRBNB), de hecho aquí podéis ver lo que hicimos durante nuestro viaje en 2017. Está en Calle de Muleros, muy cerca del centro, pagando 180€ por tres noches. Es un dúplex con dos habitaciones, dos baños y cocina, muy bonito y cómodo, totalmente equipado y con una estupenda terraza (ideal para dos parejas, como hicimos en nuestra visita anterior).


Nos recibió Ezequiel, el marido de Isabel, que es encantador, para entregarnos las llaves y abrirnos el garaje (pues también tiene una plaza de parking). Una vez que dejamos las maletas salimos a comprar algo para desayunar en un súper cercano: Covirán (10’10€). Dejamos las bolsas en el apartamento y nos dedicamos por fin a pasear por Jerez, en el que tanto habíamos disfrutado en nuestra visita de 2017.

La primera parada fue en la Albacería Cruz Vieja, local que nos había encandilado. Allí pedimos tapas de salmorejo, sangre y melva, además de dos cañas y dos amontillados, pagando 14’95€.

Continuamos por el centro y entramos en Tabanco La Reja donde pedimos varias tapas más, quizás demasiado, pero es que está todo tan bueno…
-media ración de alcachofas con anchoas
-queso payoyo emborrado y payoyo con oloroso
-mojama
-montadito de jamón, huevo y salmorejo (riquísimo).
Para beber dos cañas y dos amontillados, pagando 25’3€. Llenos de zampar decidimos volver hacia el apartamento dando un paseo y de casualidad nos topamos con un espectáculo de flamenco y baile en un local llamado Tabanco Cruz Vieja, ya cerca del piso, así que entramos.

El espectáculo contaba con una cantaora, un guitarrista y un bailaor, pero algunos asistentes del público subieron intermitentemente cuando se arrancaban a cantar o bailar. Fue un rato mágico, disfrutamos como enanos. Tomamos tres cañas, dos finos y un oloroso, pagando 9€.

Una vez en el piso, continuando con la gordura, nos sentamos en el sofá para ver Boys, de Netflix, mientras dimos cuenta de las pasta de la Confitería La Victoria de Moguer (riquísimas, sobre todo las de anís).



















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