
Dado que en 2020 no pudimos viajar fuera por culpa del COVID, dedicamos nuestras vacaciones anuales a visitar el Sur de España. Uno de los locales que más nos cautivó de todos los que visitamos durante tres semanas fue ULTRA MARINO, en la bonita zona de El Rompido de Huelva.

Es un local del que había tenido constancia a través de las redes sociales y confieso que fue amor a primera vista, sabía que si algún día iba por Huelva tendría que conseguir una mesa. Y así fue, pues como ya he comentado, en Septiembre de 2020 decidimos ir de vacaciones por el sur, sin un plan demasiado preparado y, una noche, previa reserva el día anterior o el mismo por la mañana (no recuerdo bien), nos presentamos en Ultra Marino con muchas expectativas.
La decoración hace alusión al nombre del restaurante, pues es eminentemente marinera. Destacan los diseños de David Robles, que es el autor del logotipo (una calavera) y demás productos de marca.
El chef del local es Juan López Navarro, uno de los socios del antiguo restaurante Mucho Chup Chup, que abrió sus puertas en Huelva capital en 2014. Trabajaron muchísimo pero en 2018 decidió cerrar y montar algo en solitario, a su gusto, en El Rompido, su lugar de origen, lugar más tranquilo y pequeño. Allí haría lo que le apeteciese: cocina de fusión con producto de temporada, improvisando, para pocos comensales. Por cierto, nos encantaron sus tatuajes, pues hacen alusión principalmente a la gastronomía (se constata la vocación).

David Martínez Maestre, el sumiller, trabajó previamente en Inglaterra, Alemania, Italia y España, incluyendo un Restaurante londinense de tres Estrellas Michelín: City Social Club. Volvió a su tierra natal porque cree a ojos ciegos en este interesante proyecto.

Llegamos sobre las 21 horas, cuando el restaurante estaba prácticamente vacío, pero poco a poco se fueron llenando las mesas. Dejamos que Juan y David nos sirviesen a su antojo, así que paso a relataros primero sus platos:
-Ensalada de callos, cilantro, vinagreta de kimchi, uvas de algodón y huevas de lisa
-Pez araña en adobo, helado de pimiento, salmorejo, higos y perlas de soja
-Boom ibérico: albahaca, anguila y una especie de bao relleno de morcilla
-Oreja en salsa «andaluchina», nueces y queso
-Helado de violeta, pestiño, crema de chocolate, nutella de pistacho y caramelo de Jerez
En cuanto al vino que acompañó a los platos, estos fueron los maridajes de David:
-Sueño de campano 1884: fino que se ha criado bajo velo flor durante diez años, en sistema de solera, en botas centenarias de oloroso; de Bodegas Manuel Aragón de Chiclana.
-Don Zoilo Oloroso: vino generoso de 12 años elaborado por la Bodega William&Humbert
-El Chisme 2018: vino blanco de Palomino sobre albariza, sin fortificar, elaborado por Ispania en Trebujena, IGP Cádiz. Crianza en inox con sus lías durante doce meses.
-Vino Atlántico Península txacolí 2018: elaborado con Hondarrabi Zerratia por la Bodega Península Vincultores, DO Bizkaiko Txakolina
-La Vallada 2017: vino tinto elaborado con Tinta de Toro y Garnacha por Olivier Rivière
-Don Zoilo Palo Cortado: elaborado por Williams&Humbert, de 12 años, para acompañar al postre
Nos recomendaron una serie de vinos de la zona como los que elaboran en Bodegas Sauci: Espinapura, con Palomino y Listán blanco, que se trata de un Condado Pálido (con crianza biológica, similar al fino o la manzanilla de Cádiz), Riodiel (Condado Viejo, con crianza Oxidativa), y su Vino Naranja. Para la próxima vez intentaremos visitar esta bodega de la que nos han dado muy buenas referencias.
Pagamos por este estupendo menú y maridaje para dos personas 70’90€, lo que nos pareció un auténtico regalo si comparamos con el disfrute continuado desde que entramos hasta que salimos por la puerta. De hecho nos quedamos charlando con ellos hasta que cerraron el local, son geniales, les auguramos un gran futuro, pues hacen un buen equipo y se nota que les gusta lo que hacen.
















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