Diario de Georgia, día 8: Chiatura y Rabati

LUNES 23/09/2024

Pelayo pasó muy mala noche en nuestra guesthouse Shalvazenli, con gastroenteritis en el baño, así que apenas pudo dormir. Él lo achaca al vino recién pisado que habíamos probado el día anterior en la casa familiar, pero yo también lo bebí y estaba perfectamente. Desde luego yo diría que no hubo nada que no comiésemos los dos, pero quizás a él hubo algo que le sentó mal, por la razón que fuese.

Preciosa Guesthouse Shalvazenli
Desayuno en guesthouse Shalvazenli

El dueño de la casa nos sirvió un genial desayuno que Pelayo apenas probó, así que me tuve yo que sacrificar: hojaldres rellenos de queso y hierbas, ensalada, queso, berenjenas rellenas, mermelada con fresas enteras que estaba deliciosa, etc. El hombre se tuvo que ir a trabajar así que allí nos quedamos solos en la casa, pidiéndonos que cerrásemos bien el portón al salir para que no entrasen animales. Se portó tan bien con nosotros que le regalamos una de las botellas de vino que llevábamos, que aceptó amablemente.

Tren abandonado en Chiatura
Teleféricos a gran altura abandonados
Edificio abandonado

Dejamos todo fregado y buen guardado en la cocina para que no se encontrase todo lleno de moscas al llegar y, cuando estuvimos listos, nos fuimos de la casa. Dimos una vuelta por Chiatura para hacer fotos de los famosos trenes y teleféricos abandonados, recuerdo de su pasado minero. Durante la época soviética disponía de una gran red de teleféricos, construidos por Stalin, para obtener manganeso. La verdad que me quedaron ganas de pasar otro día en Chiatura para verlo bien, coger algún teleférico, buscar más estaciones y objetos abandonados, etc. Antes de abandonar la ciudad echamos gasolina: 139’97G/44’5€.

Cabina abandonada
Casas en las rocas
Mina

Continuamos la ruta hacia un pueblo que nos había comentado Nino, donde fabricaban qvevris pero no fuimos capaces de encontrar a los artesanos, yo creo que no estaba bien escrito. Sin embargo la ruta hasta allí fue preciosa y en la misma dirección que ya pensábamos ir, pues nuestro destino final era Rabati/Akhaltsikhe.

Puente giratorio de Borjomi
Hotel Golden Tulip

Antes hicimos una parada en Borjomi, localidad muy conocida por sus aguas. Dimos un pequeño paseo pero Pelayo no se encontraba muy bien así que nos tomamos un té en el precisos Hotel Golden Tulip, fácil de reconocer por su color azul (9’98G/3€). Justo al lado se encontraba el Central Historical Park, para el cual hay que pagar 5G para entrar, pero se puso a llover así que volvimos al coche y continuamos hasta Rabati.

Central Historical Park en Borjomi

Allí buscamos un local típico para comer, llamado Old Bar, donde Pelayo comió una sopa (con fideos tipo udon y apokhti/carne seca) y yo unos khinkali rellenos de Maskhuri con tres salsas (ajo, yogur y aceite con ajo). Además pedimos de entrantes un poco de pan y queso típicos de la zona, llamado Temili, típico de la zona de Meskhetia. Este local dispone de todos los platos típicos de la región, incluidos caracoles, por si os interesa. Pagamos por todo 62’7G/20€.

Restaurante Old Bar en Rabati
Queso temili y pan
Restaurante Old Bar en Rabati
Khinkali rellenos de Maskhuri con tres salsas
Restaurante Old Bar en Rabati
Sopa

A Pelayo le sentó bien la sopa, además de media pastilla de salvacolina que tomó para frenar la gastroenteritis. Tras la comida nos acercamos en el coche hasta la muralla de la fortaleza, aparcando justo al lado de una de las entradas a la misma. El Castillo de Rabati es una auténtica pasada, y además se puede entrar libremente, sólo hay que pagar para entrar a ciertas estancias. El guardia de la puerta nos ofreció los tickets pero los declinamos, preferimos primero ver qué se podía visitar. Paseamos por varias plazoletas, fuentes, jardines, viñas, subimos a las torres (con estupendas vistas), etc, y nos pareció suficiente, además teníamos que seguir ruta, así que finalmente no compramos los tickets por lo que no podemos asegurar si la zona de pago merece la pena, pero la otra, al menos, sí y mucho.

Castillo de Rabati

Castillo de Rabati

El castillo es una mezcla de estilos arquitectónicos que reflejan las diversas culturas que han pasado por la región: otomana, georgiana, rusa. Principalmente de piedra, con bellísimos adornos de madera. Dentro, además de jardines, fuentes y demás elementos, hay tiendas, restaurantes y cafeterías, un hotel, una mezquita, una iglesia ortodoxa y un museo. Está rodeado por una gran muralla con torres de vigilancia, algunas de las cuales se puede visitar, como ya mencioné.  Según leí en redes no se grabó allí ningún capítulo de Juego de Tronos, a pesar de que recuerda a imágenes que se ven en algunos capítulos.

Castillo de Rabati

Castillo de Rabati

Continuamos hacia el sur para dormir en una guesthouse que estaba cerca de Vardzia, con el fin de visitarla al día siguiente, llamada Guesthouse Sofia, en Mirashkhani. Resultó ser una casa de campo, de hecho la carretera que llegaba al domicilio era de tierra, ni siquiera llegaba a ella el asfaltado.

Paisajes de camino a Vardzia

Paisajes de camino a Vardzia

El camino hasta la guesthouse fue realmente bonito, con espectaculares paisajes y alguna que otra fortaleza como el imponente Castillo de Khertvisi. Cuando llegamos al alojamiento la dueña nos recibió, pero no hablaba nada de inglés así que sólo pudimos intercambiar con ella algunas frases a través del traductor. Nos preguntó si queríamos cenar, a mayores del alojamiento y desayuno, que ya estaban incluidos en el precio inicial (72G/23€). La cena eran 30G/9’5€ más por persona, preparada por ella, así que accedimos a pesar que que no era barato, pero es que tampoco había muchas más opciones, pues la casa está bien alejada de cualquier núcleo de población (sólo unas granjas y casas en los alrededores).

Castillo de Khertvisi

La casa tenía dos plantas: en la baja vivía la familia y los huéspedes estábamos en la de arriba, que por cierto no había nadie más. A las 19h Sofía nos sirvió en la cocina de la casa: ensalada, khinkali, patatatas, pkhali de zanahoria y pimientos, temili, cutlets, etc, todo muy rico. Tras la cena nos fuimos para el cuarto a ver una película y a dormir.

Cena en Sofia guesthouse

Por cierto, esa tarde nos llegó un SMS de la dueña del coche de alquiler diciendo que le había llegado una multa por exceso de velocidad, y efectivamente a Pelayo le había parecido ver un radar llegando a Rabati. Al parecer le había llegado un mensaje al poco de saltárnoslo, la verdad es que fue todo muy rápido, nuestra Dirección General de Tráfico no funciona así de bien… En fin, que nos dijo que la podíamos pagar en las máquinas del Estado que hay en la calle (la verdad que vimos muchas, parece ser que pagan recibos y más cosas a través de ellas) y así lo intentamos, pero no fuimos capaces, y eso que había opción de inglés, pero nos pedía datos que no teníamos. Finalmente conseguimos pagar los 15€ a través de la web de la Policía de Georgia, que también tenía versión en inglés, muy cómodo.

Intentando pagar la multa por exceso de velocidad

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