Diario de Georgia, día 9: Vardzia y Batumi

MARTES 24/09/2024

Amanecimos en medio de la tranquilidad del campo georgiano, en la guesthouse de Sofia, en Mirashkhani. Habíamos acordado el desayuno a las 8:30, que nos volvió a servir en la cocina de la casa (de hecho vimos pasar a varios familiares por allí, tanto la noche anterior como esa mañana), a base de mermelada de melón, mermelada de uvas (ambas riquísimas), yogur casero, pan frito con huevo (similar a nuestras torrijas pero sin mojar en la leche), té con menta de la huerta, mantequilla casera, etc. Por lo que nos explicó todo lo elabora ella con la leche y los huevos de sus animales.

Desayuno en Guesthouse Sofia

Tras desayunar pusimos rumbo a Vardzia, parando a hacer una foto de las cuevas desde uno de los View Points que están marcados. La verdad es que la montaña se veía llena de cuevas, algo impresionante, así que empezamos a tener algo de idea sobre lo que nos íbamos a encontrar.

Imponente vista de Vardzia

Aparcamos en el recinto arqueológico sin problema y nos acercamos a la taquilla donde pagamos una parte con tarjeta (entradas a 15G/4’75 € por persona y subida en furgo hasta la entrada por 2G/0’6€ por persona) y en efectivo el audioguía (15G/4’75€); no entendimos muy bien el porqué pero se ve que es la operativa habitual. Por cierto, el audioguía sólo está disponible en inglés, georgiano o ruso.

Vardzia

Vardzia

El guía que hablaba en inglés tengo que decir que era un poco aburrido, pues no cambiaba de entonación en ningún momento, además de que el acento tampoco era sencillo. A los 15-20 minutos además se quedó sin batería así que casi nos hizo un favor…

Vardzia

Vardzia

Comenzamos la visita a la impresionante Vardzia, la ciudad cueva más grande del país. Según leímos, su construcción comenzó en el siglo XII con el Rey Jorge III y su hija, la famosa Reina Tamar (s.XII), muy querida en Georgia, la terminó. Se trata de un gran complejo rupestre excavado en la montaña que cuenta con 13 niveles de cuevas, túneles, iglesias, farmacias, bodegas, cocinas, celdas monásticas, establos, etc. Un terremoto en 1283 hizo que se viniese una parte abajo, dejando las cuevas al descubierto (hoy en día hay alrededor de 300, pero se calcula que inicialmente hubo alrededor de 6000!!).

Vardzia

Bodega

Esta singular manera de vivir se debía a la necesidad de defenderse contra los mongoles. Al parecer había más de seiscientos habitaciones, incluyendo un sistema de abastecimiento de agua que se encontraba a varios kilómetros de Vardzia, además de frescos, algunos de los cuales aún se pueden admirar. En ellos aparecen, además de pasajes religiosos, algunas de las pocas imágenes que hay a día de hoy del Rey Jorge, su hija Tamar o su oficial Rati Surameli. Son destacables la habitación de la Reina Tamar, así como la Iglesia con los frescos, el manantial de agua, etc.

Manantial de las lágrimas de Tamar
Botica

La visita no es sencilla, pues hay que subir muchas escaleras y cuestas, pues los niveles se van superponiendo, a pleno sol. Vimos algunos visitantes muy ancianos e incluso con muletas, a los cuales admiro, porque el circuito es complejo. Tras unas dos horas y media acabamos la visita, que es en dirección única, por lo que se abandona el yacimiento a través de un empinado túnel con escaleras.

Frescos

Vardzia

Una vez en la zona de taquillas aprovechamos para tomar una cerveza en la cafetería e ir al baño. A los pocos minutos de estar sentados se puso a diluviar, habíamos tenido una gran suerte. Tomamos el coche nuevamente y tiramos hacia Batumi, ya en la costa del Mar Negro, a unas cinco horas. En cuanto a Vardzia, es impresionante pero la visita es dura y larga, si no vais con mucho tiempo quizás es mejor que visitéis Uplistsikhe, que es una versión en pequeño.

Ruta de Vardzia a Batumi

Ruta de Vardzia a Batumi

La ruta era bonita pero nos topamos con un tramo en obras que fue muy complicado, lleno de camiones, máquinas de obra, mucho tráfico, baches, polvo, etc.; de hecho tuvimos que comer en el coche lo que nos había sobrado de días anteriores. Atravesamos zonas muy rurales, una estación de eski, casas de madera preciosas, etc.

Obras en la carretera

Finalmente llegamos a Batumi, donde había reservado en Booking un hotel céntrico y barato: Old City Batumi, por 89’64G/28’5€ regentado por un ruso con el que era difícil entenderse porque no hablaba inglés. Dejamos el coche aparcado en un patio interior que había detrás del hotel, una maravilla, porque ya no lo cogimos hasta que abandonamos la ciudad.

Plaza Europa en Batumi
Puerto

Dejamos las cosas en la habitación y nos fuimos a dar una vuelta por la moderna ciudad: Piazza Batumi, Piazza Europa, el Puerto, la famosa estatua móvil de Nino y Ali, etc. Esta estatua es preciosa, se encuentra en el puerto, y es una de las mayores atracciones de la ciudad. Son dos grandes figuras hechas de anillos de acero que representan un hombre y una mujer, que se acercan y se alejan cada diez minutos; al parecer la escultora georgiana Tamara Kvesitadze se inspiró en la novela de Kurban Said, “Ali y Nino: una historia de amor”, publicada en 1937. Alí, un joven musulmán de Azerbayán, y Nino, una princesa cristiana de Georgia, que se enamoraron durante la Primera Guerra Mundial y… Habrá que leer el libro para saber el final ;). Aquí podéis ver un pequeño vídeo del momento en que Alí y Nino se funden en uno solo.

Ali y Nino
Batumi Technological University Tower, Porta Batumi Tower y Alpahbetic Tower

Tras pasear por la preciosa ciudad nos sentamos en una de las terrazas de la Piazza Batumi para tomar algo y disfrutar de un concierto de música en directo que empezó a las 19:30: una cerveza Black Lion normal y otra IPA (26’4G/8’4€). Por cierto, en esta plaza hay un mosaico de 106m de diámetro que es considerado el más grande de Europa. Fue creado por una diseñadora suizo-georgiana llamada Natali de Pita-Amirejibi y las piezas se elaboraron en Abu-Dabi, con mármol de 15 países distintos, desde donde se transportaron hasta Batumi.

Mosaico de Piazza Batumi

A continuación buscamos un sitio para cenar, decantándonos por un local llamado Café Adjara, donde pedimos:

-combinado de 6 entrantes típicos: borano (queso fundido), sinori (láminas de pasta con salsa), yakhni (carne de vaca con ajo, nueces, cebollas y especias), tolma (hojas de parra rellenas), lobio (guiso de judías negras) y ajabsandali (similar a un pisto)

Cafe Adjara

-Pork Shashlik

Cafe Adjara

-Baklava de postre

Para beber pedimos un vino tinto de la zona de Mukuzani, en Kajetia, de la Bodega Marani, elaborado con Saperavi, añada 2018 y con crianza en barrica, muy bueno. Pagamos 83’6G/26’5€ pero luego cuando repasamos la cuenta en el hotel, por la noche, nos dimos cuenta de que el camarero se había olvidado de incluir el vino.

Vino de Kajetia

Tras la cena nos acercamos a otro local que tiene Chacha Time en Batumi, que por cierto estaba muy cerca y céntrico. El local y la gente era muy diferente al de Tiflis pero nos encantó igualmente. Uno de los camareros que nos atendió se llamaba Giorgi, y resultó ser muy agradable así que charlamos bastante con él. Pelayo tomó una chacha ahumada riquísima, una chacha picante y un cognac elaborado en Georgia; yo pedí un cóctel de Chacha Mule y una chacha con membrillo, pagando por todo 70G/22€ . Resulta que en este local hacen sus propias mezclas de chacha, macerando productos dentro, variando de una temporada a otras, un punto muy interesante. Por cierto, nos recomendó un restaurante al que finalmente no pudimos ir, llamado Tavaduri, por si alguien va y nos cuenta qué tal está. Tras las copas y la charla volvimos caminando hasta el hotel por las bonitas y animadas calles de Batumi.

Chacha Time

Chacha Time

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