
DOMINGO 22/09/24
La dueña del alojamiento, Mtisubani Guesthouse en Sighnaghi, nos sirvió el desayuno en la preciosa terraza, muy completo: salchichas, huevo cocido, tomate, queso, uvas, miel, etc. Hicimos las maletas, nos despedimos y cogimos el coche, que estaba aparcado casi delante de la puerta de entrada al hostal. Dimos una pequeña vuelta por Sighnaghi, incluyendo la muralla callejuelas.


En una de las puertas exteriores de la muralla nos topamos con un precioso camión abandonado, así como el famoso coche con el qvevri encima, uno de los ya símbolos de la ciudad. Llamaron nuestra atención algunos símbolos que había tallados en diversas puertas, pues parecían celtas.

Nos dirigimos entonces a la ciudad cueva de David Gareja, atravesando un paisaje semidesértico, con algún que otro lago, vacas y pocos coches. El recinto se encuentra entre Georgia y Azerbayán, pero sólo recomiendan entrar en la primera, que es gratis; al parecer la otra parte está llena de militares y puede llegar a ser peligroso. Nos pareció que las celdas y las zonas más interesantes estaban en la parte inaccesible.


Al salir del monasterio se ven perfectamente las Rainbow Hills, con peculiares colores, que recuerda a un paisaje lunar. La verdad es que la visita no nos pareció nada del otro mundo, quizás si se pudiese entrar en las celdas cambiase la situación.. Por lo tanto concluimos que el largo viaje hasta allí no valía la pena, sobre todo si vais justos de tiempo.


Pusimos entonces rumbo al Pilar de Katskhi, a casi 300km de allí, viaje que nos llevó más de cuatro horas. Se trata de un espectacular monasterio medieval construido en la cima de un pilar de 40 metros de altura. No se permite la subida a los turistas, pues aún habitan allí varios monjes, pero es magnífico. Había un pequeño museo con alguna información y piezas arqueológicas, además de una iglesia. Tuvimos la suerte de ver uno de los monjes, que estaba charlando con una familia, justo en la base del pilar.



De allí continuamos hasta Chiatura, localidad famosa por los teleféricos de Stalin. Fue una ciudad productora de manganeso y los obreros subían a las en dichos teleféricos, que al parecer eran unas 20 líneas de pasajeros y 2 de carga, con 6km de líneas. Aquí se instaló, al parecer, el primer teleférico bicable reversible de toda la URSS. Su máximo apogeo fue a finales de los 80, con 30.000 habitantes pero, tras el colapso de la URSS, se cerraron prácticamente todas las minas (hoy en día sólo quedan un par de ellas y la población ha bajado a poco más de 10.000 habitantes). Mucha de la maquinaria se desmanteló pero aún quedan estaciones y teleféricos abandonados, que teníamos intención de ver al día siguiente. Hoy en día funcionan cuatro líneas con cabinas que salen cada cinco minutos.
Como ya era un poco tarde cuando llegamos decidimos buscar un sitio donde cenar cenar, concretamente en un lugar que fue de los que más nos gustó de nuestro viaje: Lunch at Lía. Se trata de una casa familiar donde la madre (Lía) cocina platos ayudada por sus hijas (Nino y Tamari), así que comes en el porche de la vivienda, mientras ellos andan por allí. Ese día además, cuando llegamos, estaban pisando uva Rkastitseli con parte de los tíos y amigos de la familia, toda una preciosa experiencia que podéis ver pinchando aquí, aquí o aquí.

Al llegar estaba el portalón cerrado así que llamé y enseguida me abrieron, dejándonos aparcar el coche dentro. Las hijas hablan perfecto inglés, de hecho fue una maravilla las conversaciones que tuvimos con ellas sobre Georgia, política, Rusia, etc., pero el resto de la familia no, aún así fueron muy amables y no hubo problema de comprensión.

Preparan un menú georgiano cerrado por 50€ la pareja y os aseguro que os saldrá por las orejas: khachapuri, ajapsandali (plato de verduras), queso, phkali de zanahoria con walnuts, remolacha, berenjena, cutlets, salsa casera de ciruela(tkemali), guiso de carne, café, vino de la casa, etc. Estaba todo delicioso y recién preparado, con todo el cariño del mundo, guardamos un gran recuerdo de esta velada, por la comida y la compañía.

Cuando terminamos la sobremesa nos dirigimos a la guesthouse que había reservado a través de Booking llamada Shalvasenli, por 93G/30€, donde nos recibió un amable señor que se defendía bastante bien con el inglés. Resultó ser una gran casa a unos cuantos km de Chiatura, con jardín y bodega.

Cuando vimos la pequeña bodega le preguntamos y nos estuvo contando cómo elaboraba vino, además de sacarnos una jarra de tinto. Además nos sacó dos tipos distintos de queso, tomate de la huerta y kachapuri, que no pudimos comer porque estábamos llenos. Desde luego la hospitalidad de los georgianos no deja de sorprendernos.

Tras un rato en la bodega nos fuimos a dormir, quedándose él en el salón viendo el fútbol. Nuestra habitación estaba en la planta más alta, y era grande, además de tener un salón comedor en la parte delantera; toda la planta estaba vacía para nosotros, a modo de mini apartamento.



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