
SÁBADO 21/09/24
La dueña de nuestra guesthouse en Telavi trajo el desayuno a la habitación sobre las 9, como habíamos acordado el día anterior, igualmente completo: salchichas, revuelto, ensalada, pancakes, queso crema, té, etc). Tras desayunar nos despedimos de ella, muy a nuestro pesar, de hecho estuvo esperando en la puerta de la casa hasta que desaparecimos.


Habíamos reservado visita a las 12 en la Bodega de Vakho (1985) y Ekaterina (1991), en la zona de Kakhetia, así que, como aún era pronto, hicimos una parada en Gremi con el fin de ver su Iglesia-Fortaleza, que recortan imponentemente en el paisaje desde lo alto de la colina en la que se encuentran. Aparcamos el coche después de atravesar un pequeño puente, desde donde había unas increíbles vistas de las construcciones, el riachuelo y varios qvevris en el suelo.


En la iglesia había misa cuando llegamos así que primero pagamos 10G/3’22€ por persona para subir a la torre, y de hecho creo que merece la pena; eso si, el camino es muy bajo, tened cuidado porque yo me di un buen coscorrón con una viga. Continuamos hasta Nekresi, donde intentamos visitar el monasterio pero no pudimos porque había una barrera que nos impedía continuar con el coche.


Llegamos finalmente a la bodega, donde nos recibieron con gran hospitalidad. Hablan bien inglés así que pudimos preguntar muchas cuestiones para aclarar dudas sobre la elaboración del vino en Georgia. Vakho cultiva uvas que vende a las grandes bodegas de la zona y aparte produce unos 3000 litros para consumo propio, de una manera muy tradicional. Pisa con los pies en un recipiente de madera, pasando luego al qvevri; nos mostró además los utensilios que utiliza para bazuquear, sobre unas 5 veces al día, limpiar, etc.



En la bodega probamos varios vinos blancos, tintos y chachas, incluso directamente de los qvevris enterrados, una pasada!! A continuación pasamos a la terraza, donde tenían preparada una estupenda comida: cerdo a la parrilla con sarmientos, khinkali (hechos por Ekaterina y su suegra, los más ricos que comimos durante el viaje, podéis ver cómo se comen aquí), queso, encurtidos, verduras, salsa de ciruela, ensalada, frutas de la huerta de postre (kakis, uvas, granadas), etc. Estaba todo más que delicioso, y además nos lo pasamos genial, pues comieron con nosotros y son muy simpáticos.


La comida fue acompañada por muchísimo vino, que bebimos en vasos, en un tradicional cuerno, a través de una teja, primero Vakho y luego como no Pelayo… Y una riquísima chacha, que bebimos con los khinkali, al parecer al estilo tradicional. Mientras estábamos comiendo aparecieron dos españoles, sin previa reserva, así que Vakho les enseñó la bodega rápidamente y luego se nos unieron un rato. Pasamos una estupenda jornada en la bodega, recomiendo encarecidamente la visita si pasáis por la zona, pero mejor con reserva previa, pues viven en la finca con sus dos hijos (100G/32€ por persona).



Muy a nuestro pesar tuvimos que abandonar la finca, despidiéndonos de ellos después de un montón de abrazos y muestras de cariño (nos regalaron a demás una botella de vino blanco, elaborado con Kisi), poniendo rumbo a Sighnaghi. Habíamos reservado allí una guesthouse llamada Mtisubani por 87G/28€ a través de Booking, con una terraza preciosa. Dejamos las maletas y fuimos a dar una vuelta por el pueblo, pequeño pero bonito.

Nos acercamos hasta el bar que tiene la bodega Pheasant’s Tears, quienes no contestaron mis correos, ni mis mensajes de Instagram, ni mis WhatsApps solicitando visitar sus instalaciones. El sitio era bastante pijo, con un ambiente un poco extraño; la camarera que nos atendió tampoco nos pareció que controlase mucho de vinos ni que tuviese muchas ganas de trabajar. Nos dio a probar dos vinos tintos que nos gustaron (Quinta con 5 variedades, alguna blanca, ligero, me encantó, y un Saperavi 2020 que le gustó más a Pelayo). Pedimos entonces una botella de éste último, a 75L/24€ pero estábamos ya un poco saturados así que tomamos una copa cada uno y marchamos para el hotel, con lo que quedaba en la botella, una vez puesto el corcho.

De camino al alojamiento paramos en un supermercado Spar, donde compramos algo para cenar: pescado ahumado muy rico, snacks de lentejas, lima y jalapeños y dos empanadillas por 17L/5’4€. Además cogí un tomate muy grande y hermoso en un ultramarinos por 1L/0’3€. Nos zampamos todo en la preciosa terraza del hotel, viendo el atardecer con vistas al valle, acompañados por un cariñoso gato que imagino sería de la dueña.




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