Diario de Georgia, día 5: Telavi

VIERNES 20/09/24

Amanecimos sobre las 9 en el alojamiento de Telavi y, como habíamos acordado el día de antes gracias al traductor de Google, la dueña de la casa nos subió un estupendo desayuno que tomamos en la terraza de la habitación: salchichas, tortilla francesa, tomate, pepino, deliciosos pancakes y queso crema. Decidimos quedarnos otras noche más, a lo que accedieron amablemente, además nos ayudó a organizar una cita con Zaza, un artesano de Qvevris (ánforas típicas de Georgia para elaborar vino) que había por la zona: llamamos desde nuestro móvil y le pasamos el tlf a ella para entenderse en georgiano con ellos. Cuando terminaron de hablar nos dijo que nos recibirían ese mismo día a partir de las 11 de la mañana.

Desayuno en guesthouse Phudze

Tras el estupendo desayuno visitamos el Monasterio de Alaverdi pero estaba en obras así que sólo pudimos ver la iglesia, algunas tumbas y unas viñas. Por cierto, en cuanto entramos salió una señora de la tienda que hay justo en la entrada para prestarme una tela que me tuve que poner a modo de falda, por encima del pantalón.

Monasterio de Alaverdi

Monasterio de Alaverdi

Tras la visita nos dirigimos a la casa de Zaza, que en Internet figura como Mekvevre Kbilashvili Marani (marani significa bodega, como ya comenté); resulta que él estaba de viaje así que nos recibió su mujer, que resultó ser una mujer encantadora. Con el traductor simultáneo de Google nos fuimos enterando, más o menos, de las explicaciones que nos daba la mujer, con todo el interés y la pasión del mundo (podéis ver un vídeo aquí de cómo explicaba la elaboración del vino y cómo la chacha, valiéndose de un mini alambique).

Mekvevre Kbilashvili Marani
Grandes qvevris

Nos mostró la arcilla con la que elaboran las ánforas, que proviene de la finca y alrededores, con la que hacen primero la base y luego cada día añaden unos 10 centímetros, que tienen que dejar secar antes de avanzar. Van haciendo varios a la vez, sino tardarían una eternidad, pues hay alguno realmente grande.

Bases para nuevos qvevris
Horno que montan y desmontan cuando cuecen qvevris

Cuando está terminado lo mueven entre varias personas hacia el horno, donde cierran con un muro de ladrillos que sellan y los dejan cocer durante unos seis días, llegando a temperaturas de 1300ºC. A continuación los dejan curar en el jardín durante otra temporada.

Sello de identidad del artesano
Explicaciones

Pasamos a la pequeña bodega de la casa donde los vimos enterrados. La mujer nos dijo que los embadurnan de cera y además cal por dentro cuando no se están usando por motivos sépticos. Nos mostró algunos de los útiles tradicionales de limpieza, similares a los que habíamos visto en la otra bodega. Nos dio a probar vino blanco de la variedad Rkatsiteli, del año 2021, y otra tinta, Saperavi, mientras ella se ponía también otra copa de lo que nos iba sirviendo.

Vino
Contacto de Zaza, por si queréis visitarlo

Luego nos explicó cómo elaboran la chacha, el orujo que se hace con las pieles y pepitas que quedan al fondo del qvevri. Probamos dos: una con crianza en roble y otra a la que le habían añadido estragón. Nos dijo que la visita eran 30G/9’65€ por persona y nos animó a llevarnos una botellita de chacha por otros 30, pero sólo teníamos en efectivo 20G más así que al final nos la dejó por ese precio.

Bazaar

Bazaar

Bazaar

Bazaar

Bazaar

Volvimos a Telavi, donde primero dejamos el coche en el alojamiento, para después dar una paseo por la localidad. Visitamos el Bazaar, donde los puestos estaban muy limpios y ordenados; disponían de un poco de todo: encurtidos, fruta, verdura, quesos, carne, pescado (congelado sobre todo), etc. A continuación nos dirigimos hasta un lugar llamado Cheese Bar Odlisi, pues había reservado una visita y comida por 70G/22’5 por persona.

Quesería
Salón

Se trata de una encantadora familia en la que el padre elabora queso de vaca y la madre con su hija, llamada Ekaterina, atienden a las visitas. La hija hablaba perfecto inglés (aunque la madre tampoco hablaba mal) por lo que se encargó de explicarnos el amor de su padre por la ganadería, luego nos enseñó la quesería (que estaba vacía, pues no elaboran todos los días) y nos explicó que hacen varios tipos de quesos en función de la curación y los ingredientes.

Cheese Bar Odlisi
Guiso de carne

Luego nos sentaron en una preciosa mesa del salón, que al parecer estaba decorado por la abuela, y nos sirvieron el siguiente menú: cinco tipos de quesos (King, el que más le gusta al quesero, de ahí el nombre, otro madurado, un tercero con jengibre y nueces, un cuarto con comino y un quinto con trufa). Además había ciruelas, miel, mermelada de fresa y pan. De segundo nos sirvieron un plato de beef con salsa de tomate. Con la comida sirvieron vino naranja típicamente georgiano, tinto y chacha de Vineponto, que tengo que decir que no nos gustaron demasiado; de hecho, la chacha, con 70º, nos costó beberla por su rudeza. La verdad es que la experiencia fue buena, pues la comida estuvo bien y la familia era encantadora.

Telavi

Telavi

Muy cerca de la quesería estaba un local llamado Doli, con muy buenas opiniones en internet, así que nos acercamos a ver si nos reservaban una mesa para cenar, pues no había manera de que contestasen a mis mensajes, mails y llamadas. Una joven que estaba dentro dijo que esos días cerraban, una pena. Justo enfrente una tienda de cerámica llamó mi atención, por las bonitas piezas que estaban expuestas. Entramos dentro y resulta que el artesano estaba allí pintando figuras; nos dijo que impartía talleres a 100G/32€ por persona en jornada de mañana o tarde, por si os interesase (se llama Ceramic Studio Kera).

Wine and chocolat

Por recomendación de Ekaterina nos acercamos hasta un moderno y bonito local llamado Wine and chocolat, donde tomamos una botella de Kisi espumoso con un poco de chocolate picante (60G/19’29€). No nos gustó demasiado la música, pues era muy repetitiva, y la camarera era un poco pasota.

Estatua vitivinícola
Interior de la muralla
Árbol centenario

Después paseamos por los alrededores de la Fortaleza y bajamos hasta el famoso árbol centenario de Telavi que, según dicen, tiene 900 años. Volvimos callejeando entre bonitas casas hasta nuestro alojamiento. Dormimos un rato y salimos a cenar, decantándonos por el Badia, que tanto nos había gustado. Cuando llegamos, sobre las 22, nos dijeron que la cocina ya estaba cerrada así que buscamos otra opción, llamada HB.

Ensalada con nueces
Encurtidos de jonjoli y ajo
Khinkali de carne

Era una especie de cervecería alemana, de gran tamaño, donde nos atendieron sin problema, a pesar de ser las 22h. Pedimos khinkali de carne, encurtidos de jonjoli y ajo y una ensalada con nueces; quisimos pedir postre pero ya estaba la cocina cerrada. Para beber tomamos tres cervezas y un agua, pagando por todo 71’7G/23€. Tras la cena nos acercamos a la terraza del Hotel Veranda, donde tomamos una cerveza y un mojito (33G/10’6€); había muchas familias cenando y una especie de despedida de soltero, fue toda una experiencia verlos cantar canciones típicas.  Intuimos que el hotel debe de tener buenas vistas durante el día, pues es el edificio más alto que hay. Volvimos al alojamiento sobre la 1 de la mañana.

Terraza del Hotel Veranda

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