
JUEVES 26/09/2024
Cuando amanecimos en la Guesthouse Elco, en Zugdidi, aprovechamos para hacernos un café en la habitación (habían dejado café soluble y calentador) y comer unas galletas que nos habían sobrado de días anteriores. Dejamos el alojamiento y nos dirigimos, en nuestro coche de alquiler, al mercado de abastos, sin embargo había tanta gente y tan poco espacio para los coches que encontramos donde aparcar así que continuamos la ruta.



Intentamos también ver un antiguo cementerio de ambulancias soviéticas pero no fuimos capaces de encontrarlas, no sé si es que las retiraron o las cambiaron de sitio. Nos acercamos entonces al Palacio de los Dadiani, que está en un agradable parque. dimos una vuelta por los alrededores pero no llegamos a pagar la entrada para verlo por dentro, pues un largo viaje nos esperaba hasta la salvaje Mestia.


Esta región, nombrado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, se encuentra en el noroeste de Georgia, en pleno Cáucaso. Su capital es Mestia y sus habitantes se autodenominan Svans, famosos por su hospitalidad y por su dialecto, el svanuri. Mestia nunca fue conquistada debido a su aislamiento, y de hecho la primera carretera que se construyó hasta allí data de 1934. Se divide en una parte alta/Zemo donde están Mestia y Ushguli con el valle del río Inguri, y otra baja/Kvemo/Racha con el valle del río tskhenistskali, menos conocido y con poca infraestructura. En esta zona abundan las torres medievales de 4-5 pisos construcidas entre los siglos X-XVIII en las que se refugiaban los clanes cuando se enfrentaban entre ellos, pero también para evitar a los saqueadores árabes (se accedía desde el segundo piso valiéndose de una larga escalera de madera que retiraban en caso de emergencia). Al parecer en el Cáucaso conviven 60 etnias con 50 lenguas, por eso a veces se le llama «La montaña de los idiomas».

Estuvimos valorando el ir o no a Mestia, por lo lejos que está, pero todos los georgianos a los que preguntamos nos animaron a ir; tras nuestra visita certifico que es un lugar mágico, que no debéis de perderos si visitáis Georgia. La ruta en coche hasta allí, por zona montañosa, fue espectacularmente bonita, eso sí, en algún punto hubo complicaciones por desprendimiento de una parte de la carretera, pero pudimos llegar sin problema (además apenas nos encontramos tráfico hasta allí). Eso sí, mejor conducir de día y con un 4×4 como hicimos nosotros, pues los problemas estaban señalizados pero imagino que de noche difícilmente se verán los boquetes de la carretera y los desprendimientos.

Llegamos a Mestia sobre las 14h, tras tres horas y media de viaje desde Zugdidi. Reservé a través de Booking una preciosa habitación con vistas al valle en una guesthouse llamada Sakhli, donde además estuvimos solos. La familia vivía en la parte de atrás en una casa y nosotros independientes en la parte de la entrada, muy cómodo para acceder y salir sin molestar. En el jardín común colgábamos la ropa mojada todos, muy gracioso. Pagamos 80G/25€ por noche, con desayuno, quedándonos al final dos, pues la zona bien merece la pena. La habitación fue la más bonita y amplia del viaje, además de disponer de un cómodo salón común para comer y cenar.

Eso sí, es mejor tener coche si os queréis alojar en esta guesthouse, pues está un poco alejada del centro y además cuesta arriba. Nos recibieron una madre y su hija, que hablaba bien inglés, súper amables, que además nos hicieron muy buenas recomendaciones sobre restaurantes, visitas y excursiones. Nos fuimos entonces a comer a uno de los locales que nos recomendaron, llamado Restaurante Sunset, en el centro de la pequeña población. Nos gustó mucho la comida, a pesar de que nos costó entendernos con las camareras y que lo que nos recomendaron era demasiada patata, queso y harina para mi gusto:
-Tash-Mujabi (queso con puré de patata)
-Chvishtari (pan de maíz con queso y frito)
-Khinkali
Para beber tomamos un vino tinto de Saperavi 2021 de Firend’s Wine, que no sencantó. Tras la comida nos tomamos una chacha y dos cafés en la estupenda terraza que tienen, con vistas al valle. Pagamos por todo 127G/40€.

Visitamos después el Museo Etnográfico, hasta donde fuimos dando un paseo: hay que cruzar el puente que pasa sobre el río y caminar un rato, pero es un camino bonito.


La entrada fueron 20G/6’35 la de Pelayo y 10G/3€ la mía, pues me valió el carnet de la Universidad, sin embargo no sé si merece la pena, pues hay pocos objetos expuestos para el precio que tiene. Al salir volvimos hacia el centro y tomamos unas cervezas en una bar que era realmente una caseta de madera sobre el río (14G/4’4€), que por cierto aquí son de 0’5litros. Nuestra intención era ir a las 19h al Cinema Dede, donde proyectan varias veces al día una interesante película sobre Mestia, pero como aún faltaba un rato fuimos a dar una vuelta por el pueblo.

Un poco antes de la hora nos presentamos en el Cine, donde la hermana gemela de la Directora del documental (Mariam Khatchavani) nos vendió las entradas (20G/6’35€ por persona); también sirve bebidas y algo de comida si queréis, y podéis además ver expuestos algunos de los premios que llevó. La película, que se proyecta en la planta alta, habla sobre las costumbres del pueblo Svaneti y la verdad es que nos encantó, aunque es muy dura (de hecho me recordó a la película de As Bestas, que tanto nos gustó). Eso sí, no esperéis un cine a la usanza, pues lo que hay es un cuarto oscuro con hamacas.


De allí nos fuimos en coche hasta un supermercado Spar que había en a entrada del pueblo para comprar algo de cenar y aprovechar el estupendo salón común de la guesthouse, donde hay cocina y todo tipo de menaje, juegos, etc. Compramos unas cuantas viandas por 41’8G/13’27 (pescado ahumado, pan, tomates, etc) que nos zampamos con el vino de Vakho admirando el atardecer en Mestia.




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