
VIERNES 27/09/2024
Amanecimos en nuestra preciosa habitación en Mestia, con vistas al valle, de la guesthouse Sakhli. Nos sirvieron el desayuno a las 9 en el salón común: khachapuri de queso, bizcocho, ensalada, queso, huevos cocidos, riquísima mermelada casera, salchichas, pan, etc., que disfrutamos al lado del ventanal. Habíamos planeado la subida al glaciar de Chalaadi, que al parecer no era muy complicada y en unas horas podíamos ir y venir.

Tras el desayuno fuimos en coche hasta el puente colgante de Chali, desde donde comenzaba la ruta, que por el estado en el que está, da bastante miedito cruzarlo, pero allí íbamos todos los turistas, uno detrás del otro. Justo al lado del puente hay un buen parking donde dejamos el coche, y donde había muchos conductores esperando por los turistas. Hay gente que hace la ruta desde Mestia, caminando hasta el puente, pero es una buena tiradita que preferimos ahorrarnos.

No hay pérdida en cuanto a la ruta, está bien marcada, no os perderéis, además de algunos turistas que vas encontrando y que confirman que vas bien. Desde el puente había un cartel que marcaba 1’15 horas hasta el glaciar Chalaadi pero nosotros lo hicimos en una hora, y eso que paramos a hacer bastantes fotos. La ruta va casi todo el rato paralela al río Enguri.


La primera parte de la ruta es bosque, donde vimos muchísimas setas, muy bonita. Una vez que se deja el bosque el paisaje es abierto, o sea que si hace sol, como fue nuestro caso, hay que ir con protección solar, gorro y agua. El suelo en esta parte presenta muchas piedras sueltas por lo que es recomendable que llevéis calzado adecuado, además de un desnivel de 500 metros.

El glaciar ya se empieza a divisar desde la distancia pero nos acercamos todo lo que pudimos, sin llegar a tocarlo porque nos parecía peligroso al estar derritiéndose, pues caían trozos cada cierto tiempo (aquí podéis ver un vídeo de a cuánto nos quedamos de distancia). La verdad es que tuvimos la suerte de que el día fue estupendo, soleado y caluroso pero sin atosigar, así que disfrutamos muchísimo de la ruta, tanto de la zona boscosa como la otra, recomendamos la ruta sin ninguna duda (de hecho fue la primera vez que veíamos un glaciar).


Una vez de vuelta al punto de partida, tras casi dos horas de caminata (pues la bajada fue un poco más rápida; aquí podéis ver cuánta agua llevaba el río), aprovechamos para tomar un par de cervezas en un bar llamado Jebi que estaba allí estratégicamente colocado, al borde del río, un lugar estupendo (14G/4’5). Volvimos entonces hasta el hostal, nos duchamos y salimos a ver la Iglesia de Laghami, que está al lado de nuestro alojamiento.

Al llegar la cancela del recinto estaba cerrada así que no nos atrevimos a entrar, sin embargo a los pocos minutos apareció un chico del pueblo, que pasaba por allí, que nos dijo que solamente había que empujar y nos la abrió… En fin, que entramos en el recinto y paseamos un poco por los alrededores y túneles, pero no pudimos entrar dentro de la iglesia porque estaba cerrada. En la puerta había un teléfono de contacto para avisar y poder ver los frescos, pero no quisimos molestar porque era justo la hora de comer.

Cogimos entonces el coche, que estaba aparcado en el camino que pasa por delante de nuestra guesthouse, y tiramos para el centro con el fin de comer algo, decantándonos por un local llamado Lushnu Quor, con una agradable terraza, buena comida y personal muy amable y eficiente. Esto fue lo que pedimos:
-Khachapuri Acharuli, que tantas ganas tenía de probar, riquísimo!!
-Ensalada de pollo coneneldo, cilantro, pimiento y mayonesa
-mtsradi: pincho moruno de cerdo con verduras
-Helado de yogur con mermelada casera de postre
Para beber pedimos una caña y dos aguas con gas, pagando por todo 72G/23€
Tras la estupenda comida caminamos hasta una de las preciosas torres que se pueden visitar por dentro, llamado Museo Etnográfico de Ratiani. Allí un amable hombre nos contó que la torre era de su familia y nos explicó cada una de las partes de las que consta:
-sótano para animales, con salida al exterior, cocina y camas encima de esta última para no morir de frío por la noche


-Planta cero: había sillas preparadas para eventos, decoración típica, etc.

-zona torre: a la que nos permitió subir sin problema, y además nos esperó abajo, dejándonos todo el tiempo que quisimos. Comenzamos a subir plantas a través de las estrechas escaleras de madera, toda una aventura.

Cuando llegamos arriba alucinamos con las vistas, pues había una pequeña ventana por la que se podía sacar la cabeza y admirar las torres de alrededor, además del valle. Es una visita que no os podéis perder si vais a Mestia, pues además de la experiencia de subir por la torre, la charla con el amable dueño es muy interesante, pues explica todo lo que le preguntéis sobre las costumbres e historia de la zona.

Al final de la visita pagamos lo que nos pidió, 10G/3’17€ por persona, que bien merece la pena pagar. Aprovechamos para dar un paseo por el centro y acabamos sentándonos en un local llamado Café Panorama, donde tomamos una chacha, un vodka de frutas y un capuchino, pagando por todo 20G/6€.

Después continuamos caminando hasta la zona nueva, donde está el Ayuntamiento, la Comisaría de Policía, el supermercado Spar, etc. Aprovechamos para coger una botella de vino, queso ahumado y alguna cosa más para cenar (43’64G/14€) y volvimos en coche hasta el hostal, donde cenamos en el salón común. Por cierto, por la noche las torres se iluminan así que el valle es igualmente precioso en este momento del día.













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