Diario de Georgia, día 13: de Mestia a Kutaisi

SÁBADO 28/09/2024

Nos sirvieron el desayuno a las 9:00 en el salón de nuestra guesthouse Sakhli, con vistas al precioso valle de Mestia: revuelto, bizcocho, queso, khachapuri de queso con especias y pisto (ajapsandali), etc. Pagamos con tarjeta a la dueña del alojamiento y además le cogimos un poco de sal típica de Svanetia, que hacen ellas (compran la sal de la zona y le añaden hierbas aromáticas, por lo que cada uno hace su receta). Por el paquete de sal nos cobraron 5G/1’6, que fue mucho más barato que en cualquiera de las tiendas del pueblo donde la ofrecían.

Desayuno en guesthouse Sakhli. Mestia

Iniciamos el descenso por la bonita carretera de montaña, admirando por última vez las cumbres nevadas de la imponente cordillera del Cáucaso. Tengo que decir que ir a Mestia mereció mucho la pena, es un lugar precioso y mágico que recomiendo vivamente. Me quedaron ganas de visitar Ushguli, el pueblo habitado más alto de Europa y por tanto el más aislado de la región. Hay una ruta a pie de 4 días entre Mestia y Ushguli, atravesando un glaciar y vadeando el río a caballo, por si acaso alguno está interesado, o incluso la posibilidad de ir en vehículo, pero no nos quedó claro si se podría ir con el coche de alquiler, pues aconsejaban conductor (no sé si realmente por la peligrosidad de la carretera o por dar dinero a la zona). Otra buena zona para visitar sería Racha, muy desconocida y de la que apenas hay información en Internet.

Tubo de gas por las carreteras

Hicimos varias paradas a lo largo del viaje, la primera en la bodega Obene, que queríamos visitar, pero no había nadie en la casa así que continuamos. La segunda era en los cañones del Gachadili, Martvili y Okatse pero no vimos ningún lugar excepcional ni carteles, de hecho el río iba con muy poca agua. Pelayo empezó a tener hambre, a pesar del desayunaco que nos metimos en Mestia, así que busqué algo cerca, apareciéndome un sitio muy bien valorado que se llamaba Oda Family Marani. Parecía que no teníamos mucha suerte ese día…

Se trata de cuatro mujeres que viven en casas que están en la misma finca, donde tienen un pequeño restaurante de comida ecológica que ellas plantan, hacen vino, tienen algo de ganado, etc. Al llegar al lugar el portalón estaba cerrado pero había un teléfono al que llamamos, diciéndonos en inglés una de ellas que entrásemos sin problema, que estaba abierto.

Oda Family Marani

En cuanto abrimos el portalón apareció una simpática perrita, que nos acompañó durante toda la comida, y al poco una amable señora que nos sentó en las mesas de madera que conforman el restaurante, con un pequeño tejadillo, pero todo abierto al campo. Tras ver la carta pedimos los siguientes platos:

-Bzha: queso gebzhalia con menta

Oda Family Marani

-Chincholia salad (tomate, dos tipos de queso, salsa ajika y aceite de girasol casero)

Oda Family Marani

-Pollo satsivi: se sirve frío con walnuts, una sensación un poco extraña la de comer la carne fría…

Oda Family Marani

-Nadughi con ralladura de limón y hojas de menta

Oda Family Marani

Para beber tomamos un blanco que elaboran ellas, Tsolikouri 2023, con 10’5º. Pagamos por todo 164G/52€, que incluía un 18% de tasas que no figuraba en los platos pero que en la parte baja de la carta aparecía aclarado. La comida estaba rica pero nos pareció un poco cara para lo que era realmente y sobre todo para los precios del país, eso sí, nos repitió toda la tarde y la digestión no fue sencilla, tuvimos muchos gases.

Pasamos por Tskaltubo, la ciudad-balneario, para ver los grandes edificios soviéticos abandonados. Al parecer las aguas de la zona contienen interesantes minerales (radón-carbonato) que propiciaron la construcción de numerosos balnearios a los que incluso acudía Stalin (de hecho tenía una sala privada con baño que aún se puede visitar en el Sanatorio Metallurg). Al parecer el estado exigía tratamientos de salud que se llevaban a cabo en estos sanatorios, con 125.000 visitas al año. Actualmente la localidad es muy visitada por los amantes del urbex, que desconocía hasta que empecé a leer sobre Tskaltubo: exploración urbana consistente en visitar lugares abandonados o en ruinas. Hay que tener cuidado dónde se mete uno, pues en varios de los edificios abandonados se han acogido a miles de refugiados del conflicto de Abajasia.

Tskaltubo

Dimos una pequeña vuelta en coche primero, desde donde divisamos fácilmente ya alguno de ellos, como el de Medea o el de Savane; a continuación paramos en la Estación de tren para hacer unas fotos y luego nos dirigimos al de Medea.

Estación de tren de Tskaltubo
Estación de tren de Tskaltubo

Al llegar allí vimos que había un ala del edificio se ocupaba como vivienda, imagino que por los refugiados de Abjasia, con gente que no tenía demasiada buena pinta. En el otro lado había una señora en la puerta que nos hacía gestos para que fuésemos, supongo que para intentar cobrarnos por entrar. Además estaban los novios de una boda haciendo fotos en el interior del edificio mientras los invitados estaban fuera con música en los coches, bailando y bebiendo. Era una mezcla un poco extraña que no nos dio confianza así que al final decidimos no bajar del coche ni entrar en el edificio.

Zona habitada de Medea
Fotos para una boda en Medea

Habíamos barajado la posibilidad de dormir en alguno de los hoteles que aún funcionan en la ciudad, que tienen spa, pero finalmente decidimos continuar ruta hasta Kutaisi, pues no veíamos demasiado actividad en la zona y pero sí la posibilidad de meternos en problemas si accedíamos a alguno de los edificios abandonados (si queréis entrar os aconsejo leer el post de Wander-Lush).

En Kutaisi, la tercera ciudad más grande de Georgia, reservé dos noches en el Hotel Balcony, a través de Booking, con desayuno incluido por 204/65€. La habitación efectivamente tenía balcón con vistas a la ciudad, sin grandes lujos, pero la piscina que anunciaban no funcionaba y estaba vacía así que no pudimos bañarnos. Eso sí, estaba como en una especie de plazoleta interior en la que pudimos dejar el coche aparcado los dos días.

Hotel Balcony. Kutaisi

Dejamos las cosas en la habitación y nos fuimos a dar una vuelta por el centro, que está muy cerca del hotel. De camino atravesamos el barrio judío con su sinagoga, llegando enseguida al centro de la ciudad, donde se encuentra la Fuente de Colchis, el Teatro Meskhishvili, el Teatro de la ópera, el Love wall, etc.

Fuente de Colchis
Arco de Mon Plaisir
Famosos grafitis al fondo, entre ellos el Love Wall
Opera House de Kutaisi

Tras un buen rato caminando paramos en un local a tomar un par de cervezas, llamado Hoegaarden (16’5G/5€), y también por hacer tiempo antes de ir a cenar (era un típico bar alemán pero veíamos que en las mesas los comensales daban buena cuenta de comida georgiana). Decidimos ir a una vinoteca llamada Winetage, donde nos atendió un chico muy majo llamado Ika. Era un gran amante del vino, como nosotros, así que charlamos mucho con él. Nos sugirió varios vinos por copa para ir probando: 2 ambar y 4 tintos. Para acompañar pedimos un plato de phkhali con pan de maíz, pagando por todo 131G/42€. En el local se puede además adquirir vino de varias localidades de Georgia, y podréis pedirle recomendación al amable y simpático Ika.

Winetage
Plato de pkhkali y pan de maiz

Volvimos tranquilamente caminando hasta el hotel y en la terraza nos tomamos un par de chupitos de la chacha que le habíamos comprado a la mujer de Zaza, el artesano de los qvevris de la zona de Kajetia… Ya parecía lejano ese día, después de tantas visitas y actividades que llevábamos en nuestro viaje por Georgia.

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