
MIÉRCOLES 20/11/2024
Nos levantamos a las 7 en el Hotel Central, desayunamos algo rápido en el cuarto y arrancamos hacia la parada de Bel Air, donde cogimos el 18, que nos dejó en el CERN (Centro Europeo para la investigación nuclear) tras una media hora de viaje. Cuando estuve de Erasmus en la ciudad no lo visité y, en esta ocasión, siendo además Pelayo un gran amante de la Física, no quise perdérmelo. La recepción el mismo abre a las 8 y las exposiciones a las 8:30; como no se pueden comprar las entradas con antelación quisimos llegar con tiempo por si acaso, sobre todo para reservar la visita guiada, que sólo se puede hacer desde la wifi del CERN. Entramos en la web Visit CERN y conseguimos dos plazas para la visita de las 10:30, en inglés (hay francés e inglés, y creo que alguna otra opción más sólo para grupos).

Dimos una pequeña vuelta entonces por la tienda y el recinto de alrededor, donde está la llamativa cúpula del Globo de la Ciencia y la innovación (que al parecer Ginebra regaló al CERN para conmemorar el 50 aniversario de la creación de este centro de investigación), hasta que abrieron las exposiciones. El Globo estaba en obras así que había poco expuesto en su interior. El edificio que alberga el museo, diseñado por el arquitecto Renzo Piano, consta de dos llamativos tubos que sobrevuelan la carretera, con tres exposiciones fijas y varias temporales. Antes de nuestra visita guiada nos dio tiempo a ver el primer tubo. Hay muchos puestos donde van explicando cómo funciona el CERN, materiales, misiones, etc, bastante interactivo. Me gustaron especialmente los vídeos de los propios trabajadores del CERN, que en cada sala explican curiosidades, cómo hacen su vida en el centro y muchas más cuestiones.

A las 10:30 comenzó en la recepción nuestra visita, con un señor mayor, físico jubilado que antiguamente trabajaba en el CERN. Era muy amable pero para mi gusto hablaba muy bajo así que había que acercarse mucho y estar en silencio total para entenderlo todo o casi todo. Primero visitamos el Sincrotrón de protones, que fue el primer acelerador del CERN, funcionando desde 1957 hasta 1990, hasta donde nos acercamos caminando y pasamos el control con el guía. Por lo que nos explicó estuvo cerrado durante años para finalmente abrirlo a las visitas, pudiendo ver el aparato, objetos de la época, fotos de los físicos relacionados, etc.

Luego acudimos a otra parte con acceso restringido donde pudimos ver Atlas, uno de los cuatro medidores del LHC, el Gran Colisionador de Hadrones, que es el acelerador de partículas más potente y grande del mundo. Se encuentra en territorio suizo y francés, consistente en un túnel subterráneo de 27km de longitud, consigue acelerar las partículas a una velocidad cercana a la de la luz. Todo ello se consigue con imanes superconductores, cuyo funcionamiento es explicado en el museo, una parte de la exposición permanente que me pareció realmente interesante.

Los haces de partículas, en direcciones opuestas, chocan dentro del túnel en puntos específicos donde están los detectores, siendo Atlas uno de ellos. Uno de sus principales descubrimientos del CERN fue el Bosón de Higgs en 2012 (hay un emocionante vídeo en el que se ve de la comunicación del descubrimiento).

Tras la visita guiada continuamos con los interesantes vídeos del Auditorio, que se proyectan constantemente, y el segundo tubo del edificio. A las 14h estábamos bastante cansados así que fuimos hasta el comedor, donde compramos unas bebidas y comimos los bocadillos que llevábamos. Hay cafetería con menús y más cosas, no pintaba mal, aunque a precio de Suiza claro. Tras comer vimos la tercera sala, que alberga la exposición temporal, la que menos nos gustó, aunque también podría ser del cansancio acumulado de estar todo el día caminando a ritmo de museo, que en mi caso me rompe la espalda.

Cogimos entonces el 18 de vuelta a Ginebra y luego otro bus hasta el Parque de la Perle du Lac. He de decir que la visita al CERN me encantó, y eso que yo no soy una especial amante de la física, la recomiendo si pasáis por la ciudad y tenéis un rato para dedicarle. Intentamos coger el barco/mouette M4 pero no fuimos capaces de atinar con el embarcadero, pues había varios. Llamé por teléfono a información de transportes de la ciudad y un señor muy amable me dijo que la línea funcionaba perfectamente y que el embarcadero estaba cerca del restaurante Perle du Lac, que era justo donde nos encontrábamos, pero allí no aparecía ningún barco… Dimos mientras un pequeño paseo por el parque y finalmente vimos de repente al barco de las 17:30 saliendo de otro embarcadero que estaba más lejos (pasaba cada media hora), llamado Chateubriand, así que nuestro gozo en un pozo…

Echamos entonces a caminar por el barrio de Pâquis, donde yo viví durante mi época Erasmus, concretamente en el Foyer Saint Justin, donde me hizo Pelayo una foto en la puerta. Es el barrio más multicultural de la ciudad, lleno de pequeños locales y restaurantes de múltiples orígenes. Cogimos entonces un bus hasta un restaurante llamado La Limite, que recomendaban vivamente, y donde yo había llamado durante el mediodía para reservar mesa a las 20:00. Aprovechamos para hacer algo de compra, esta vez en el supermercado Coops, otra de las conocidas cadenas de la ciudad.

A pesar de que eran las 19 nos presentamos igualmente en el local, pues estábamos molidos y teníamos hambre. Nos sentaron en una mesa grande, compartida con un grupo de señores muy graciosos con los que entablamos rápidamente conversación. Hablamos principalmente con uno suizo, de 86 años, y otro de Guinea Conakry, que al parecer son clientes habituales. El restaurante es muy conocido y hay que reservar obligatoriamente porque debe de ser de los pocos de la ciudad con precios razonables y buenas raciones, de hecho el cocinero es español, concretamente de Salamanca, y eso se nota. Se fue llenando poco a poco, estando a reventar, y rellenando una mesa rápidamente con más gente en cuanto quedaba vacía.

Pedimos una fondue y un entrecot de carne de caballo de 210 gramos, que son dos de las especialidades de la casa, eligiendo como acompañamiento patatas y ensalada. Estaba todo riquísimo. Además ponen un plato de jamón de aperitivo GRATIS, ¡¡lo nunca visto!! Para beber tomamos un vino elaborado con Pinot Noir, AOC Genève, Domaine de la Planta, bastante correcto, la garrafa de agua gratuita y un café, pagando por todo 77’5€, una ganga para Suiza. Los camareros fueron muy amables y la velada estupenda, gracias en parte a nuestros vecinos de mesa, pero también a la comida y el ambiente del local. Nos gustó tanto que decidimos reservar mesa para el día siguiente pero desgraciadamente la camarera nos dijo que estaba todo completo, una pena…

Cogimos un bus de vuelta al hotel y a dormir, pues yo además me encontraba con algo de mal cuerpo: dolor de cabeza, mocos, malestar… Todo apuntaba a un resfriado o gripe…


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