Lanzarote, día 4: La Graciosa

MARTES 18 NOVIEMBRE 2025

Esta mañana nos despertamos un poco más tarde que los días anteriores así que, entre desayuno, ducha y preparar mochilas no conseguimos llegar al Puerto de Órzola hasta las 10:29. Nuestra idea era visitar la pequeña isla de La Graciosa y los barcos salen desde ese puerto; allí operan dos empresas, Biosfera Express y Romero, que se van turnando para cubrir la línea cada media hora o una hora. El billete de ida y vuelta costaba 28€/persona.

Barco de Biosfera Express
Caleta de Sebo

El barco de Biosfera Express salía a las 10:30 así que Pelayo me dejó en la taquilla y se fue a aparcar, siendo ayudado por uno de los trabajadores de la empresa para que lo encontrase fácilmente. Mientras yo compré los tickets y avisaron por los walkies al barco para que no saliese así que, finalmente, tras esperarnos unos minutos, subimos los dos y zarpamos. La verdad es que si no fuese por toda la colaboración por parte de los trabajadores no lo hubiéramos conseguido.

Iglesia de Nuestra Señora del Carmen

La Graciosa

El viaje hasta Caleta de Sebo duró unos 30 minutos, pero fue movidito porque el mar estaba algo revuelto (podéis ver unos segundos pinchando aquí). Una vez en la isla caminamos hacia la derecha, hasta la última casa, por las calles de tierra (no están asfaltadas). Vimos la iglesia, preciosas casas (la mayoría cerradas) y algún que otro negocio.

La Graciosa

La Graciosa

Luego caminamos en la otra dirección para ver la otra parte de la población, concretamente hasta la playa de La Laja. Cuando ya habíamos caminado por todas las calles nos dimos cuenta de que eran las 12 y el siguiente barco no salía hasta las 15:30. Nos sentamos en un bar para tomar algo y decidir qué haríamos, concretamente en Rosa’s la lía, donde pedimos una caña y una jarra de cerveza, que acompañaron de unas aceitunas de cortesía, que nos parecieron un lujo por el calor que hacía.

La Graciosa

Montaña amarilla

Para ver la isla entera había varias opciones: caminar (hacía mucho calor y no íbamos preparados), en coche contratando uno de los servicios que ofrecen en el puerto (a partir de 30€ por persona empezamos a hablar) o en bici. A Pelayo no le conquistaba ninguna idea, proponía quedarse allí hasta que saliese el barco de vuelta pero a mí me apetecía ver algo más, sobre todo Pedro Barba, que era la otra pequeña población que había en la isla.

El Gracioserito

Finalmente Pelayo accedió a alquilar una bici así que buscamos un local, pues había varios. Casualmente entramos en una tienda llamada Gracioserito que, por lo que leí más tarde, era de Miguel, un isleño muy majo y conocido en la zona. Allí cogimos dos bicis normales por 15€/persona, pues nos pareció que no íbamos a necesitar las eléctricas (que por otra parte valían más). Miguel nos dio sabios consejos antes de salir y comenzamos la ruta.

Sufriendo en bici

Como no teníamos claro si conseguiríamos hacer la ruta entera de la isla, pues hacía mucho calor y viento, comenzamos por la izquierda con el fin de llegar a Pedro Barba y, si eso volver ya (es decir, al contrario de las agujas del reloj, que es lo que No aconsejan en las webs que yo había leído).

Yo a los pocos minutos ya no podía con el calor, las cuestas, los baches, las piedras, etc, pues la carretera estaba bastante rota, y que sobre todo no estaba de andar en bici. Pelayo se escapó delante por no oír cómo me iba quejando y dice que aguantó sin bajar de la bici hasta Pedro Barba. Yo me tuve que bajar unas cuantas veces y subir las cuestas caminando, pues eran infernales. Aquí podéis ver algún vídeo quejándome (y como Pelayo pasa de mí completamente).

Pedro Barba

Pedro Barba

Finalmente, tras mucho esfuerzo, llegué a Pedro Barba, donde me esperaba Pelayo. Resultó ser un pequeño grupo de casas muy arregladas y bonitas, sin negocios ni nada más. Yo lo único que quería era volver a Caleta de Sebo así que dimos la vuelta y volvimos por donde habíamos venido (es decir, declinamos radicalmente la idea de completar la vuelta a la isla).

Bonito azulejo en una de las casas

Durante la vuelta me tuve que bajar otras cuantas veces, de hecho hubo un momento en que me voló con el viento el gorro que llevaba para el sol y lo dejé allí, me negué a volver a recogerlo y tener que volver a subir el cuestarrón. Al final devolvimos las bicis algo más de una hora después de cogerlas, con mucho sufrimiento y arrepentimiento de no haber cogido una bici eléctrica … Me dolía todo el cuerpo: las muñecas de los baches y vibraciones del manillar, el culo del sillín, las pechugas (iba con un bikini y se ve que no era suficiente sujeción)… Un suplicio, vamos… Aquí podéis ver un vídeo llegando a Caleta de Sebo en el que no podía ni hablar, con la coleta para abajo y sin gorra…

Por lo que he leído la vuelta entera lleva sobre dos horas, pero yo sólo lo haría con bici eléctrica y yendo bien preparados (agua, sujetador deportivo, etc), en un día que por supuesto no hiciese mucho calor, y parando cada poco para bañarse y echar el día entero. Nos fuimos entonces a comer, en un local que se llamaba Casa Chano, donde nos sentamos por fin y nos hidratamos bien, en la sombra de la terraza, fue una de las cervezas que mejor me supo en mi vida…

Pelayo sufriendo en Casa Chano
Casa Chano
Salpicón de huevas

El local resultó ser fantástico, por la comida y el camarero, que era genial. Pedimos media ración de salpicón de huevas, pulpo a la plancha y fula roja a la espalda, que es un pescado de roca (aquí podéis ver a Pelayo comiéndose el ojo). Para beber tomamos agua con gas, dos jarras de cerveza, tres cafés y un chupito de ron miel, pagando 61’4€, que me pareció un precio más que razonable, teniendo en cuenta dónde estábamos. Por cierto, fue el mejor café que tomamos durante la semana en Lanzarote.

Casa Chano
Pulpo a la brasa con mojo verde
Casa Chano
Fula roja a la espalda

Terminamos de comer sobre las 16h y nos acercamos al puerto con la idea de bañarnos pero cuando llegué allí se me quitó la idea, pues el agua estaba bastante fría, el día se había encapotado y el barco estaba a punto de llegar. Mi gozo en un pozo…

Paso entre Lanzarote y La Graciosa

El barco zarpó a las 16:30, llegando a Órzola sobre las 17h, poséis ver aquí Lanzarote desde el barco. Cogimos el coche y volvimos a Arrecife, parando por el camino en Punta Mujeres para ver la zona, coincidiendo que unos vecinos estaban jugando a las Bochas, que es un juego de bolos, por lo que estuvimos viéndolos un rato.

Punta Mujeres
Punta Mujeres
Vecinos jugando a las bochas

Al llegar a Arrecife fuimos en el coche hasta el Islote de Fermina (de César Manrique, unido por un largo puente a tierra) y El Charco de San Ginés, por verlos de día, pero no llegamos a bajar porque no encontrábamos aparcamiento y además tampoco nos apetecía meternos una caminata después de la paliza de bici… Aparcamos finalmente el coche delante del apartamento y cenamos algo allí tranquilamente antes de irnos a dormir.

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