
SÁBADO 28/09/2025
Nos levantamos sobre las 9 en nuestro Hotel Balcony de Kutaisi y subimos a la terraza, que era donde se servía el desayuno, tipo buffet; salchichas, revuelto, berenjenas, ensalada queso, embutido, yogur, mantequilla, mermelada pasta, porridge, etc. La tarde anterior había reservado un free tour por Kutaisi para hoy a las 11:00, saliendo desde el Teatro Masklishvili (donde está la Fuente de Colchis). Además, por recomendación de Ika, el dueño de Winetage, había contactado con Gia Chubinidze por Facebook, de Bodegas Nanua, quien contestó enseguida diciendo que nos recibiría a las 17 así que teníamos ya el día completo.

Llegamos al teatro un poco antes de la hora y al poco apareció el guía, que se llamaba Akakai. Al poco aparecieron cinco alemanes, muy poco interactivos, que además se pasaron una gran parte del tour bebiendo cerveza… Por cierto, la empresa con la que reservamos se llamaba www.freetour.com


El guía nos habló del teatro (donde hay estrellas soviéticas si uno se fija), de la plaza (donde al parecer las estatuas de Stalin y de Lenin que había antiguamente, fueron sustituidas por el actual McDonalds), la Fuente de Colchis, etc.


A continuación dimos un paseo por la ciudad remarcando importantes edificios, la mayoría de la época soviética, así como estatuas, el mural del amor (donde al parecer figura 33 veces «Te quiero», una por cada letra del alfabeto georgiano).


Vimos el Gran Bazar, con un imponente despliegue de relieves en el frontal, el White Bridge, alguna que otra iglesia como la de la Anunciación, etc. La verdad es que fue interesante, como la mayoría de los tours que hacemos de este tipo por todo el mundo, ya no sólo por lo que se aprende del país y la ciudad concreta, sino también por charlar con un local y anotar sus recomendaciones. Le dimos 40GEL antes de despedirnos y nos quedamos en el Museo del Photo Cinema, que era muy pequeño y gratis (había principalmente cámaras y objetos relacionados, bastante antiguos); se ve rápidamente, no necesitaréis más de 10 minutos.




Nos tomamos entonces una cerveza y una limonada que resultó ser zumo de manzana con soda por 17G. Luego nos dirigimos al Restaurante Gala, con el fin de comer algo antes de visitar la bodega Nanua. Se encuentra en la segunda planta de un edificio cuyos bajos están ocupados por una infinidad de libros.


El restaurante resultó ser una auténtica cocada, con un montón de adornos de cerámica, un piano, un amplio salón, etc. Esto fue lo que pedimos:
-Khinkali
-Kuchmechi in Imeruland: plato típico de la zona de Imereti, donde se encuentra Kutaisi, elaborado a base de vísceras como corazón, hígado, mollejas, etc, y que se comió casi íntegramente Pelayo
-Lobio: habas negras en una recipiente de cerámica, acompañado de riquísimos encurtidos
-khachapuri: el camarero se empecinó en que teníamos que probarlo, que era de la zona y lo hacían estupendamente así que lo pedimos, pero era tanta comida que nos sobró la mitad
Para beber nos decantamos por un Saperavi 2023 de la bodega Rtvelisi y un agua con gas, pagando por todo 127G/41€. Tras la comida volvimos al hotel, donde me dio tiempo a cambiarme el vestido (pues con el viento que hacía estuve todo el día con él levantado), y dormir unos 20 minutos antes de salir para la bodega.

Nanua Wines está en una localidad que se llama Tabidze, a 30 minutos de Kutaisi. Allí nos esperaba Gia en la que realmente es su casa, quien resultó ser una de las personas más amables, simpáticas y cariñosas que hemos conocido durante nuestros viajes. Por lo que nos contó, trabajaba en finanzas para el gobierno local pero hace unos 8 años dejó su puesto para dedicarse a elaborar vino exclusivamente.

Gia ya provenía de una familia de bodegueros, de hecho nos mostró qvevris con más de 200 años de antigüedad, que por cierto aún sigue utilizando. En sus fincas hay más de 100 variedades de uva plantadas, pues le gusta traer especies de fuera para experimentar.

Nos enseñó las viñas, donde tuvimos la suerte de poder probar algunos granos maduros a punto de recoger, y luego fuimos a la bodega/marani, donde nos mostró cómo bazuquea con artilugios tradicionales, las damajuanas que utiliza para algunas elaboraciones, etc. Me encantó la filosofía de Gia sobre el vino, pues para él no es una bebida alcohólica, sino un alimento que lo conecta con Dios y la manera de repartir amor al prójimo. Proviene de una familia con mucha tradición bodeguera y para es una cuestión casi sagrada, una de las cosas más importantes de su vida. Nos ha encantado cómo viven en Georgia el vino, la importancia que le dan a sus arraigadas tradiciones, constituyendo un pilar fundamental en la cultura del país que defienden y difunden con todo el cariño y pasión.

A continuación nos llevó a una sala acristalada que había entre la casa y las viñas, para probar varios vinos, y cuando entramos dentro casi nos da un patatús!! Había todo un despliegue de comida que había preparado su mujer con todo el cariño del mundo: khachapuri de queso, calabaza al vapor (exquisita), patatas, truchas, pollo, cerdo, queso, ensalada, churkhela sin nueces, salsa adjika, salsa de ciruelas (tmkali), lobiani, lobio (riquísimo), y un largo etc.

No teníamos nada de hambre pero nos daba reparo no comer nada así que fuimos, poco a poco, probando alguna cosa.. Gia nos decía todo el rato que comíamos muy poco!! Fue además sacando diversos vinos:
-Blancos: Tsolikouri 2023, Tsiska 2023, etc
-Tintos: Aladastur 2023, Otskhanuri 2023 con pieles, Otskhavi 2019, Manoukras Sapere 2023 (nos enteramos que sapere quiere decir «coloreado» en georgiano

Al rato llegaron dos americanos amigos de la familia, llamados Mark y Joy. Él había trabajado como abogado en Washington pero estaba jubilado, y ella era profesora de inglés y colaboraba con la mujer de Gia (que también era profesora de inglés), además de dar clases online a varias personas del pueblo. Fue una velada genial pues Mark era muy simpático y hablaba además algo de español así que charlamos mucho.

Sobre las 22 dejamos la casa de Gia, muy a nuestro pesar, pues los americanos ya se habían marchado también hacía un rato, y no queríamos molestar más, aunque parecía todo lo contrario, pues Gia no paraba de abrir botellas de vino. Le preguntamos cuánto le debíamos por toda la velada, visita y vino, y nos contestó que lo que nosotros quisiésemos darle, negándonos en rotundo, que nos diese una cifra. Finalmente nos pidió 100G/32€ por persona. Volvimos a nuestro hotel de Kutaisi y a dormir, que al día siguiente teníamos que coger el vuelo de vuelta a España, muy a nuestro pesar.






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