
DOMINGO 16 NOVIEMBRE 2025
Amanecimos sobre las 8 en nuestro precioso apartamento de Arrecife, Margarita House. Tras desayunar cogimos el coche y pusimos rumbo a la Cueva de los Verdes, que abría a las 9:30.
Al llegar al parking compré las entradas en la web (16€/persona), pues sólo aceptaban la compra online, quedando un hueco a las 10, por lo que sólo esperamos alrededor de 10 minutos para entrar, aprovechando para dar una vuelta por los alrededores del acceso.

Por fin llamaron al grupo de nuestra hora y bajamos por las escaleras hasta la entrada a la cueva, donde nos recogió Fernando, el guía que nos acompañó durante todo el recorrido (hay visitas en español y en inglés, que recorren el kilómetro visitable de tubo volcánico que constituye la parte visitable de la Cueva de los Verdes). Durante la visita nos enteramos que Los Verdes y Jameos del agua forman parte del mismo tubo volcánico y su animal más emblemático es el cangrejo ciego, único en el mundo, que veríamos más adelante.

Los elementos artificiales de la cueva, según nos explicaron, es la luz, la música y alguna parte del suelo para que las visitas caminen sin problema. Visitamos varias salas, el auditorio donde se celebran conciertos en algunas ocasiones marcadas a lo largo del año, caminamos por dos niveles, etc.
La visita duró sobre una hora y la verdad es que nos gustó mucho, la recomendamos sin duda. Nos dirigimos entonces hacia Teguise, parando antes en Los Roferos, que es una zona de curiosas formaciones rocosas similares a las chimeneas de Hadas. Dimos un paseo por el bonito lugar, que no es muy grande, por lo que lo veréis en poco tiempo.

En Teguise había mercadillo (al parecer es uno de los más grandes de Europa) por lo que tuvimos dejar el coche en un parking privado, pues había un hueco en la calle, además de mucha gente caminando por la carretera, que complicaba la circulación. Pagamos la estratosférica cifra de 2€ por el día así que no perdáis el tiempo dando vueltas, no merece la pena.

Comenzamos a pasear por las abarrotadas calles de Teguise pero se puso a llover con gracia así que nos metimos en alguna de las tiendas de artesanía. Intentamos entrar en algún local a tomar algo pero estaban atestados así que cogimos el coche y nos fuimos para el Museo del Campesino, cuya visita es gratuita y, para mí, además uno de los lugares con más encanto de la isla. El Museo es una de las numerosas obras de César Manrique en la isla de Lanzarote, como Los Verdes, Jameos del Agua, Casa Lagomar, Jardín del Cactus y un largo etc., sin los cuales la isla no tendría desde luego el mismo encanto.

Como ya era la hora de comer decidimos quedarnos en el restaurante del Museo, que es bien bonito: ensalada monumento, tabla de quesos, carne de cabra, bienmesabe, frangollo (postres típicos canarios que nos encantan), vino rosado Yaiza, agua, dos cafés y dos copas de vino dulce, pagando 105’4€ por todo. El sitio nos encantó, la comida muy buena y el servicio muy amable (aunque nos decepcionó que nos desaconsejaran beber vino tinto de Lanzarote, recomendándonos los manidos Riojas y Riberas del Duero…).





Pusimos rumbo a la espectacular e inigualable zona de La Geria, donde se encuentran los famosos viñedos en vaso, enterrados en huecos de tierra negra volcánica, con muros que protegen contra el viento; aunque uno no sea un amante/friki del vino, como nosotros, la visita a la zona merece la pena sólo por ver el paisaje. Tras unas cuantas fotos acabamos en las Salinas del Janubio, en el municipio de Yaiza, donde salía casualmente una visita a las 16h (22€/persona).

Tengo que decir que la visita, así sin previsión ninguna ni mucha información previa, resultó ser una de las actividades que más me gustaron de nuestra estancia en Lanzarote. Estuvimos una hora y media con la guía caminando por las preciosas salinas, escuchando sus interesantes historias.
Vimos varios molinos, bombas, lagunas, sistemas de obtención de sal, etc. Nos conquistó la Artemisa, que es otro pequeño crustáceo endémico, habitante típico de las salinas y logotipo del Museo, que pudimos observar en vivo y en directo.
Además tras la visita nos sirvieron una degustación de sal, vino y queso, además de reglarnos una cajita de sal a cada visitante con cuadros de famosos pintores de la isla, vamos, un lujo. Además compramos en la tienda un bote de flor de sal, cuatro pequeños tarros de sales con sabores y un paquete de 500g de sal fina, pagando 17’5€. A día de hoy me arrepiento de no haber traído más sal, pues es muy sabrosa y nos encanta para cocinar. 
Tras la visita paramos en el Mirador de las salinas, que está en lo alto de la colina, para hacer unas fotos de este mágico lugar que conquista a cualquiera que lo visite, además la luz del atardecer daba un aire especial

De camino hacia Arrecife decidimos parar en La Geria, concretamente en la famosa y moderna Bodega Stratus (es una de las que cierra su wine bar más tarde, sobre las 19h). Por cierto, llamaba la atención el gran Belén que había en la entrada así que si vais con niños es un buen lugar para parar un rato a admirar la trabajada composición.

Vimos su bonita tienda y luego tomamos dos vinos en el bar: un blanco elaborado con la variedad Diego y un tinto de Cepas Centenarias, a base de Listán Negro. Pagamos 12€ por las dos copas y en absoluto nos emocionaron… Eso sí, nos pusieron una divina tapa de queso y frutos secos. Tras el largo día volvimos para nuestro apartamento de Arrecife para cenar algo y finalmente descansar.





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